‘Café Comercial’, los parroquianos del café más antiguo de Madrid cuentan su historia (El Confidencial)

La editorial madrileña Muddy Waters, de la mano del escritor Rafael Soler, recoge más de setenta voces alrededor de uno de los establecimientos con más solera de la capital

TEXTO: Abraham Rivera

“Era como entrar en una catedral, allí se despertaba la sensación de pertenencia. Entrabas a estar con los tuyos”. Escuchar a Rafael Soler es escuchar mucho más que la historia vivida de un escritor en el Café Comercial. Es disfrutar de los silencios, las habladurías y el sentimiento de hermandad que emanaba de aquel local, parapetado por columnas, espejos y mesas de otro tiempo.

Un café que poco a poco se fue quedando sin competencia en los alrededores de la glorieta de Bilbao. Pero que por sus modos de hacer cada día resultaba más anclado en el pasado y resultaba inviable económicamente. Aquellos parroquianos, que lo visitaron en su último medio siglo, son los que se han lanzado a contar todo lo que allí ocurrió.

Sus experiencias y la particular biografía del local aparece en ‘Café Comercial: La Casa de Todos’, un libro publicado por los madrileños Muddy Waters y editado por Soler, que aprovecha esta edición para recoger testimonios y pedir relatos a más de setenta figuras ligadas al café más antiguo que sobrevive en la capital; solo un año mas viejo que el icónico Café Gijón.

Por estas páginas desfilan Manuela CarmenaLuis Landero, Joaquín Leguina, Rafael Fraguas, Maxim Huerta, Luis Alberto de Cuenca, Fanny Rubio, Anna Grau y decenas de escritores y amigos del café, que en 2017 volvía a abrir gracias a la buena mano del hijo de Soler, Caleb, y de El Escondite, el grupo hostelero que fundó. Una historia de amor hacía algo más que un espacio donde trabajar y dejarse seducir por el líquido que manaba de la cafetera.

Rafael Soler. (Café Comercial)

Las paredes del Comercial encierran, además, el devenir de las artes en Madrid. Por allí se dejaron ver y pasaron largas veladas Carmen Martin Gaite, Gloria Fuertes, Rafael Azcona, Jose Hierro, Antonio Mingote o Blas de Otero, entre más de una veintena de ilustres que la dibujante Maria Yelletisch se encarga de retratar en el interior del libro.

Y que a la vez conviven con las estupendas ilustraciones de una habitual de Muddy, Victoria de Diego, también a cargo del fabuloso diseño, un formato casi cuadrado que respira a medida que se van pasando las páginas. Disfrute y conocimiento que da comienzo un 27 de marzo de 1887 y que no se para hasta 2015, cuando por sorpresa el café se cierra durante dos años.

El Comercial de antes

“Cuando cerró, mi hijo me llamó enseguida y me dijo: ‘te has quedado sin oficina’. Y después nos pusimos a pelear para que aquello, que de algún modo había pertenecido al barrio y a todos los que lo que frecuentábamos, no desapareciera”, confiesa Soler, que se declara chamberilero desde que era niño, cuando llegó desde su Valencia natal.

Barra del Café Comercial. (Cedida)
Barra del Café Comercial. (Cedida)

El también poeta, de 75 años, estudió en el Colegio Chamberí y vivió en calles limítrofes como Vallehermoso o Espronceda. “En 2009 fundé una tertulia literaria en el Comercial. Pero mucho antes ya estaba ligado a su salón. Allí estaba con amigos y compañeros escritores. No era para nada un ambiente intimidatorio. Era fácil encontrarse con escritores consagrados, pero todos formábamos parte de la misma familia”, destaca Soler, que en cuanto cerró el Comercial se vio en el deber de hablar con antiguos clientes y amigos para recuperar recuerdos y dejar por escrito lo que representó aquello.

Las voces del Comercial

El texto se abre con una conversación con los antiguos dueños, Maribel Serracato y su hijo Fernando Vera. Un relato plagado de historias y anécdotas, también personas: Alfredo Landa, Carlos Saura, José Bono, Cayetana Guillen Cuervo, María Estévez, Alex de la Iglesia, Maribel Verdú, Carmen Maura… “Y Celia Gámez, este era el lugar de encuentro de actores, espectadores y amigos. Éramos un local de los últimos que cerraban por el barrio, y con el mejor café de Madrid”, le comenta Serracato a Soler.

En el interior no paran de sucederse comentarios, como el de uno de los antiguos camareros, Juantxu Bohigues. “El día más triste que pasé en el Café Comercial fue cuando tuve que echar a la calle a Leopoldo María Panero. ¡Yo leía sus libros!”, exclama Bohigues también autor de una prolija obra literaria. Conocía la historia de su familia. Su propia madre lo metió en un manicomio; y su padre era el gran poeta del franquismo, Leopoldo Panero. Pero llegó al Café Comercial con los pantalones manchados, meándose, y bebiéndose las copas de vino tinto de un trago con esos ojos grandes, desorbitados, que había contemplado tantas veces en clientes que buscan bronca, a punto de estallar.

El primer presidente de la comunidad, Joaquín Leguina, hace memoria para narrar las veces que vio sentarse allí a Enrique Tierno Galván, el profesor, como también le llama. “Tierno jamás se dejaba invitar y aquella mañana había desayunado con su gente en el Comercial”, comenta, a la vez que alude a que era un asiduo y que aquella anécdota le llegó por parte de José Bono. “A la hora de irse le dio cien pesetas a Bono para pagar la cuenta, cosa que Pepe hizo”. Sobraron setenta y cinco pesetas y Tierno quiso que esas vueltas fueran directamente al camarero, del que dijo: “se merece eso y más”.

Música en vivo en el Café Comercial. (Cedida)
Música en vivo en el Café Comercial. (Cedida)

Generosidad, historia y cultura. Como otra de las historias que se cuentan, esta vez de Juan Manuel Bellver, que a finales de los ochenta comenzaba a escribir en Diario 16, luego entraría en El Mundo y terminaría en Lavinia, donde actualmente es su director. Como crítico musical de aquella generación apunta la letra de Los Ronaldos: Te levantas de tu cama, todo está bien, / no tienes donde ir, ni nada que hacer. / Llamas a tu amigo, quedas con él… / Llega la hora de ir a Bilbao, / Te duchas, te arreglas y coges el carné. / Ahí está tu amigo en el café.

Bellver continúa haciendo memoria de una Malasaña ya desaparecida —mención especial a la costa del Yucatán— plagada de bares como el Corripio. “Entrañable sidrería con olor a fritanga, que funcionó durante un siglo a dos pasos del Comercial, en el número 102 de la calle Fuencarral, con su barra de zinc y su luz mortecina, sus ricas empànadas de chorizo, su sidra de barril y un viejo invidente que te cobraba en caja y al que resultaba imposible engañar con las monedas”, describe de una forma que casi puede vivirse.

Un no parar de incidentes, chismes, recuerdos y añoranza por un Madrid que ya no existe. Soler, como buen sociólogo a pie de calle, tiene claro que la desaparición de la calle mediterránea, aquella donde convivían pequeñas tiendas de fruta con comercios de todo tipo, es una realidad más que evidente. “Ahora solo hay franquicias”, expone.

El Comercial de ahora

Los rumores de que un Zara podía instalarse en los restos del Comercial hizo que el hijo de Soler se movilizara e intentara ver la viabilidad económica del proyecto. “Había que darle un impulso gastronómico. Ya no valía con vender cafés. Pero también tenía claro que debía tener una apuesta por la cultura”, recuerda orgulloso el padre del ahora dueño, también tras el grupo El Escondite y otros socios.

De esta forma se ha impulsado no solo lo cultural, prácticamente a diario, con conciertos, veladas dedicadas al humor o sesiones de cine, sino también con antiguas tertulias literarias, como la que él regenta, llamada ‘Los lunes literarios del Café Comercial’.

El libro es un fiel reflejo del pasado y también de las posibilidades de futuro a las que se enfrenta este café abierto en el siglo XIX y que sigue imperturbable al paso del tiempo, tras una muy leve reforma que dio más brillantez y lustre a las paredes y las mesas de mármol. “Es un orgullo formar parte de un proyecto así. No engañamos a nadie, tiene un punto muy sentimental. Sin embargo, también hay historias, relatos y muchos recuerdos que no se conocían”, indica Rodrigo Varona, una de las mentes inquietas detrás de Muddy Waters Books, que se lanzó a editar el proyecto en un tiempo récord.

La editorial, que comenzó a finales de 2020 a publicar sus libros de no ficción, apegada al periodismo más inquieto, se encuentra cómoda también dando visibilidad a proyectos que se vinculan con la cultura de bar, el barrio más suburbial, lo castizo y la cultura americana más girada. En sus últimas obras publicadas hacen aparición periodistas como Eduardo Izquierdo, Javier Márquez Sánchez y Daniel Entrialgo. Una generación nacida en los setenta que también conoció lo importante que fue el Comercial. Un café donde no parecía que pasase nada, pero donde todo el mundo era feliz.

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