GRANDES VIAJEROS: El explorador con dos corazones

Knud Rasmussen, con sangre danesa e inuit, impidió que los mitos y leyendas del pueblo del hielo se perdieran para siempre

Knud Rasmussen quizá no tenga la aureola mítica de otros exploradores árticos como James Clark Ross, John Franklin, Josephine DiebitschRobert Peary, Frederick Cook o Ernest Shackleton. Pero, aunque no disfrute del renombre de estos héroes de los hielos, la épica fue su eterna compañera de viaje. La épica y el buen humor. Knud Rasmussen (1879-1933) fue el primer ser humano que atravesó en un trineo de perros el paso del Noroeste, el camino helado que unía los océanos Atlántico y Pacífico.

“El mérito fue compartido: se trató, sobre todo, de una gran gesta canina”, bromeaba él, que siempre se quitaba méritos. Y cuando le replicaban que nunca nadie antes había realizado tamaña proeza, respondía: “Yo sólo fui el primero… que se sepa”. Pensaba en el pueblo inuit, del que siempre estuvo enamorado y cuyas tradiciones y creencias recopiló toda su vida. El libro Mitos y leyendas inuit (Siruela), con una cuidada edición, prólogo y traducción de Blanca Ortiz Ostalé, recoge parte de su impresionante trabajo.

Puede que él no fuera el primer hombre que cruzara el paso del Noroeste con una traílla de huskies u otras razas emparentadas con los lobos. Con toda probabilidad, los inuit lo hicieron antes, aunque sin dejar constancia. Pero siempre habrá algo que nunca nadie le podrá arrebatar: el título del explorador polar más divertido. Uno de sus sobrenombres era el hombre con dos corazones , uno civilizado y otro salvaje. Hijo de un misionero danés y de una inuit, nació en Groenlandia y conoció dos mundos.

Vivió en la moderna Dinamarca y entre los pueblos de los iglús, cuya lengua dominaba a la perfección. En aquella época pocos antropólogos podían conversar sin la ayuda de traductores con las sociedades que estudiaban, Y, cuando sí podían, sus preguntas parecían muchas veces más un interrogatorio que una invitación a la conversación. Nuestro personaje, sin embargo, vencía todas las reticencias de los inuit, que lo veían como a un igual. Hablara con quien hablara, siempre le hacía reír a carcajadas.

Eso justifica su segundo sobrenombre, el hombre a quien precedía su sonrisa . Fue un tipo curioso, tanto como su gran amigo Peter Freuchen, un gigante capaz, por ejemplo, de fabricar un cuchillo con sus heces congeladas. Interfolio ha publicado De la Groenlandia al Pacífico , de Kund Rasmussen, y Aventura en el Ártico , de Peter Freuchen, que en sus exploraciones perdió una pierna y varios dedos (se los amputó él mismo). Del segundo dicen sus propios editores: “No querríamos asustar al lector, pero debe tener un estómago robusto para superar algunos pasajes”.

Entre 1912 y 1933 Knud Rasmussen realizó siete expediciones árticas, que permitieron perfeccionar la cartografía del polo Norte, entre otras cosas al descubrir que el llamado canal de Peary era en realidad un fiordo. En la última de aquellas aventuras contrajo un virus estomacal que le acabó matando. Sólo así se borró su sonrisa. Gracias a él conocemos una visión del mundo que de otro modo se hubiera perdido para siempre, como el hielo derretido de la primavera. Esta es sólo una versión muy abreviada de cinco del sinfín de historias que nos legó.

https://www.lavanguardia.com/ocio/viajes/20200207/473194208173/knud-rasmussen-inuit-artico.html