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¡OíD HUMANOS!: portada
  • N° páginas : 216
  • Medidas: 125 x 210 mm.
  • Peso: 240 gr
  • Encuadernación: Bolsillo
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¡OíD HUMANOS!
Antología [Próxima aparición] Yushij, Nima

Uno de los poetas más importantes de Irán, comparable a lo que representa Antonio Machado en España.

Traductor
Sánchez-Terán, Gonzalo
Colección
POESIA DEL ORIENTE Y DEL MEDITERRANEO
Materia BIC
POESÍA
Materia BIC
Poesía de poetas individuales
ISBN
979-13-990404-7-0
EAN
9791399040470
Precio
14.42 €
Precio con IVA
15.00 €
Aparición
18/03/2026

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Sinopsis

La poesía de Nima Yushij congrega misteriosamente lo persa y lo universal. Tan vernácula es su obra que está espolvoreada con palabras en tabarí, la lengua de Mazandarán. Sus poemas están llenos de la vegetación del norte del país, vacas, ranas, aves, un universo rural hundido en mitologías locales transmutado por Nima en espejo de la sociedad urbanizada y agresiva de su tiempo, de nuestro tiempo. En su lírica los símbolos se entrelazan, nos desnudan y se nos esconden. Cualquier explicación de su significado es cuestionable, cualquier identificación ambigua. Su estilo dista del modo de escribir al que el lector de poesía occidental está habituado. Los términos se repiten donde otro poeta buscaría sinónimos, el mensaje parece romperse hasta hacerse incongruente, la estatura léxica se quiebra con giros triviales, los poemas más que concluir terminan en marismas, desperdigándose por las arenas, como algunos ríos de Mesopotamia. Quien busque a un poeta cristalino y unívoco debe mantenerse a distancia de Nima Yushij, algo que sospecho él agradecería.

Autor: Yushij, Nima

'Ali Esfandyari, quien andando el tiempo se haría llamar Nima Yushij, nació el 21 del mes de Aban (ah), el 11 de noviembre de 1897 de la Era Común, en la provincia de Mazandarán, una tierra de densas arboledas y leyendas a orillas del mar Caspio. De su aldea natal, Yush, Nima heredó el nom de plume, un elenco de animales y árboles que habrían de poblar su imaginario poético, y un sentimiento vitalicio de exilio desde que a los doce años le enviaron a estudiar a Teherán. Su padre, ganadero y agricultor, era célebre en la comarca por sus proezas como arquero y jinete. De su madre aprendió antiguos cuentos y poemas que ella recitaba junto al fuego. Es imposible no sentir en la biografía de Nima la pérdida de un paisaje natural y humano, primitivo y noble, donde alguna vez se sintió seguro. Todo lo que escribió como adulto compele a sus compatriotas a despojarse del engaño, el artificio y la venalidad, para sumergirse en los ríos anchos de Mazandarán, en la fraternidad de las caravanas, en la lealtad de la naturaleza. Nima escribió mucho y publicó poco. Su existencia no fue feliz. Jamás halló acomodo profesional, y el matrimonio con Aliyeh Jahangir, una mujer culta que ejerció como profesora y directora de colegios, sufrió por causa de su inhabilidad para sentirse centrado, cumplido, ubicado en la sociedad. A menudo desempleado, siguió a su mujer por diversos destinos hasta que en 1938 se sumó al equipo editorial de la Revista de Música que publicaba el Ministerio de Cultura. Allí coincidió con algunos de los grandes intelectuales de un Irán desestabilizado por la Segunda Guerra Mundial, entre ellos Sadeq Hedayat, autor de la que es quizá la mejor novela iraní del pasado siglo, El búho ciego. Quién pudiera haber asistido a las conversaciones de estos dos hombres de un talento tan excelso para la palabra y tan insuficiente para la vida. Fue un tiempo profesionalmente gozoso y literariamente fecundo hasta que la revista cerró en 1942 devolviéndole a la intemperie laboral. Un año después nació su único hijo, Sharaguim, que tamaño esfuerzo ha dedicado a preservar la memoria viva de su padre. El acercamiento de Nima al partido comunista Tudeh, más humanista que ideológico, le hizo pasar por prisión tras la represión que siguió al golpe de Estado organizado por los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses contra el Primer Ministro, Mohammad Mossadeq, en 1953. Aquel sabotaje contra la soberanía de Irán pisoteó los esquejes democráticos tan dolorosamente brotados y acabó de partir en dos el espíritu del poeta. A partir de aquella experiencia se acendró su apartamiento del mundo. Viajaba frecuentemente a Mazandarán para permanecer lejos de los hombres y cerca de la tierra, escribía frenéticamente en papeles sueltos con una caligrafía casi ilegible, veía a pocas personas. Falleció una mañana heladora de enero de 1960, cuando regresaba de Yush, su pueblo, de donde quizá su ser verdadero nunca llegó a salir. Después de su muerte, la pequeña aldea que lo vio nacer y le prestó su nombre, se convirtió, como la Shiraz de Hafez y el Kashán de Sohrab Sepehrí, en un lugar de peregrinación para quienes reconocen el alma de Irán en sus poetas, en ellos y ellas resisten, con ellos y ellas confían.'

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